Decretos ambientales como fichas de cambio político: ranita de Darwin y Villarrica
La ranita de Darwin como ficha de póker En 25 días, el gobierno retiró y reingresó los mismos decretos ambientales de Contraloría. No fue un error técnico: fue la señal de que la protección ambiental es moneda de cambio, no política de Estado. El vaivén que lo dice todo Entre las múltiples…

La ranita de Darwin como ficha de póker
En 25 días, el gobierno retiró y reingresó los mismos decretos ambientales de Contraloría. No fue un error técnico: fue la señal de que la protección ambiental es moneda de cambio, no política de Estado.
El vaivén que lo dice todo
Entre las múltiples zancadillas que el gobierno de Kast se ha hecho a sí mismo en sus primeros 25 días, hay una que revela más que pura torpeza administrativa: "Retiró de la Contraloría los Decretos sobre la Protección de la Ranita de Darwin y la Descontaminación del Lago Villarrica, para luego reingresar los Decretos sobre la Protección de la Ranita de Darwin y la Descontaminación del Lago Villarrica", como señaló Daniel Matamala en su columna semanal de Lo que importa.
Este movimiento de péndulo,sacar los decretos de Contraloría para luego volver a meterlos, no tiene justificación técnica posible. Estamos hablando de instrumentos que buscan proteger una especie endémica amenazada de extinción y descontaminar un lago. Retirarlos de Contraloría significa detener el trámite de toma de razón, congelar su entrada en vigencia. Y detrás de ese congelamiento hay sectores económicos concretos con interés directo: la industria forestal que opera en el hábitat de la ranita, los desarrollos inmobiliarios y turísticos alrededor del Villarrica.
Si al final se reingresa lo mismo, sin cambios sustanciales, queda claro que el retiro no fue por "ajustes técnicos". Fue una señal: estos instrumentos son negociables. La protección ambiental depende del humor político del momento.
Quién gana y quién pierde cuando el Estado titubea
Matamala caracterizó estos primeros días como los de un gobierno que "hace y deshace", y diagnosticó que "sobran dogmas y falta realidad". Pero ese hacer y deshacer no es neutral. Cada día que estos decretos pasan en el limbo burocrático es un día ganado para quienes quieren explotación sin regulación.
Los ecosistemas no esperan. La ranita de Darwin ya está en peligro de extinción. El Villarrica ya está contaminado. Mientras el gobierno "se hace zancadillas a sí mismo", hay beneficiados concretos: empresas madereras que pueden seguir operando sin restricciones en zonas críticas, desarrollos inmobiliarios que evitan regulaciones más estrictas, emprendimientos turísticos que postergan inversiones en descontaminación.
Los perjudicados también tienen nombre: las comunidades mapuche que dependen del lago, la biodiversidad endémica que no tiene segunda oportunidad, el turismo sustentable de largo plazo que necesita agua limpia. El caos institucional no es inocente. Siempre favorece al que puede esperar y presionar, al que tiene el poder para llamar y pedir que se retire un decreto.
El patrón: de Bachelet a Kast, el mismo truco
Matamala observó que este gobierno muestra "la repetición y la profundización de tics que ya vimos en gobiernos anteriores". Y entre esos tics, uno es consistente: usar decretos ambientales como variable de ajuste político.
Bachelet 2, Piñera 2, Boric,todos prometieron rigor ambiental en campaña y todos cedieron ante presiones económicas una vez en La Moneda. Ahora Kast repite el patrón. Según Matamala, "sobreinterpretó su triunfo electoral", creyendo que el 58% era un mandato para "una agresiva política de shock neoliberal". Pero "la realidad es otra: el 58% no votó por la ortodoxia neoliberal, votó por el anti-Boric".
La ciudadana que votó contra Boric no necesariamente votó por destruir la ranita de Darwin. No votó por contaminar el Villarrica. Y ciertamente no votó por un "gabinete de leales, muchos de ellos novatos en política e ignorantes en administración pública" que no cacha que la institucionalidad ambiental no puede tratarse como fichas de póker.
Las encuestas ya muestran nota roja. El pragmatismo político que justifica estos vaivenes termina siendo mal negocio electoral.
No hay "ajustes técnicos" en política ambiental
Matamala caracterizó el problema como algo que "no es cosmético sino de diseño", producto de un gobierno "incrédulo ante la realidad". Y esa incredulidad tiene consecuencias concretas.
Cuando el gobierno de Kast retira decretos ambientales de Contraloría "para revisión" y luego los reingresa sin cambios sustanciales, está mandando un mensaje claro: que estos instrumentos son negociables, que hay espacio para presionar, que la protección ambiental se ajusta según la temperatura política del momento. Esto destruye la predictibilidad regulatoria que necesitan tanto los ecosistemas como las comunidades que dependen de ellos.
Matamala señaló que "el gobierno no tiene hacia dónde escapar, lleva 25 días y le faltan 1.436". En esos 1.436 días que quedan, ¿cuántas veces más la ranita de Darwin será rehén de negociaciones políticas que ni siquiera se hacen públicas? La realidad es que una especie endémica amenazada no puede esperar a que este gobierno decida "dejar de fugarse de la realidad".
La ranita de Darwin no tiene tiempo para que este gobierno aprenda a gobernar. El Villarrica no puede esperar a que se resuelvan las tensiones internas del oficialismo. Y las comunidades que dependen de regulación ambiental consistente no merecen ser moneda de cambio en negociaciones que ni siquiera se hacen públicas.
Cada vez que un decreto ambiental entra y sale de Contraloría como en puerta giratoria, alguien está ganando,y no es el ecosistema, ni la gente. Es hora de preguntar en voz alta: ¿quién llamó para pedir que se retiraran esos decretos, y qué le prometieron a cambio?
Fuente
Daniel Matamala, Lo que importa


