Chile tiene suministro asegurado: no compramos a Medio Oriente
Chile no compra petróleo a Medio Oriente: la crisis que se inventaron Mientras el gobierno justificó el desmantelamiento del MEPCO con una supuesta emergencia de desabastecimiento, un ex director de estudios económicos del Estado reveló que Chile tiene suministro asegurado de países vecinos y solo…
Chile no compra petróleo a Medio Oriente: la crisis que se inventaron
Mientras el gobierno justificó el desmantelamiento del MEPCO con una supuesta emergencia de desabastecimiento, un ex director de estudios económicos del Estado reveló que Chile tiene suministro asegurado de países vecinos y solo enfrenta variación de precios. La crisis real está en Asia; acá se armaron una excusa.
"Situación de tranquilidad": El dato que les tira abajo todo el show
"Nosotros no nos abastecemos de petróleo del Medio Oriente", declaró Jorge German, ex director de estudios en los ministerios de Economía y Trabajo durante los gobiernos de Piñera, en el programa Lo que importa. "Tenemos asegurado el suministro de petróleo y la refinación la hacemos acá en casa. Entonces hoy día es una situación de tranquilidad."
Situación de tranquilidad. Esas tres palabras les desmontan el show apocalíptico completo. Mientras la vocera oficial repetía que "no había otra alternativa" y las redes del Estado declaraban que el país estaba "quebrado", German —un técnico que trabajó para la derecha, no un activista opositor— explicaba que Chile refina el 100% de su gasolina localmente con petróleo comprado a Argentina, Brasil, Ecuador y Colombia. La refinería NAP procesa todo el combustible que consumimos. No dependemos de que lleguen barcos desde Medio Oriente atravesando zonas de guerra.
Si hay suministro asegurado, si la refinación está garantizada, ¿por qué se trasladó el shock completo —370 pesos en gasolina, 580 en diésel— al tiro a los bolsillos de la gente? El gobierno tenía alternativas: mantener el MEPCO operando, hacer alzas graduales, modificar la cláusula de salida que permite quemar hasta 1.500 millones de dólares mensuales y reducirla a 300 o 500 millones. German lo planteó expresamente. Eligieron no usarlas.
La crisis existe, pero es problema de otros
La crisis petrolera es real. German no lo niega: "Nunca se ha visto un alza tan rápida", reconoció. El precio del petróleo subió más del 50% en tres semanas, algo sin precedentes históricos. Pero esa crisis la sufren otros países, no Chile.
"El 80% de las exportaciones de petróleo de Medio Oriente van a países asiáticos", explicó German. Corea del Sur, Japón, Indonesia, Australia tienen el estrecho de Mus "prácticamente cerrado". Esos países enfrentan problemas reales de acceso al combustible. Sus gobiernos han pedido a los ciudadanos restringir el uso doméstico de gas licuado. Hay refinerías que no pueden sacar su producción. Hay escasez física de hidrocarburos.
Chile no está en esa situación. "En el caso nuestro solamente un problema de precio", sentenció German. Un problema de precio no es lo mismo que una emergencia de desabastecimiento. Un problema de precio se maneja con política pública. El MEPCO existe precisamente para eso: para estabilizar, para amortiguar shocks externos, para impedir que las alzas bruscas se traspasen de golpe a la población. Desactivarlo cuando más se necesitaba no fue una decisión técnica. Fue ideológica.
"Un par de semanas": La emergencia que ya se acaba
La proyección de German sobre la duración del conflicto es demoledora para el cuento oficial: "La presión internacional de los países realmente afectados va a ser cada vez más fuerte, esto debería terminar en un par de semanas más". Cuando termine, los precios bajarán significativamente. No volverán a los 68 dólares previos —parte de la infraestructura petrolera de Medio Oriente ha sido dañada— pero probablemente llegarán a 80 dólares.
El gobierno desmanteló un mecanismo de estabilización para una crisis que, según el análisis técnico, durará semanas. Tomaron una decisión permanente —cambiar la estructura del MEPCO— para un shock temporal. Si German tiene razón, habrán dejado a las familias chilenas sangrando durante meses para una crisis de precios internacionales que ya estará bajando.
Mientras tanto, las rebajas tributarias siguen intactas. El ex ministro Mario Marcel, también entrevistado en el programa, explicó que el gobierno propone bajar el impuesto a las empresas de 27% a 24% y reintegrar tributariamente para que los dueños paguen cero. "1.800 millones de dólares la baja del impuesto a la empresa y 800 millones adicionales la reintegración", detalló Marcel. A eso se suman las rebajas al impuesto a la herencia, a las donaciones, a las ganancias del capital, a las contribuciones.
¿A quién protege este gobierno?
El privilegio que desperdiciamos
German comparó la situación chilena con la de Colombia: un país productor de petróleo que debe exportarlo a la costa del golfo y luego recomprar el refinado, quedando más expuesto que Chile a las disrupciones globales. "Estamos en mejor posición que países productores de petróleo", afirmó.
Chile tiene una ventaja estructural que muchos países envidiarían: proveedores regionales estables, refinación local mediante NAP, independencia de Medio Oriente. Esa ventaja existe precisamente para momentos como este. Para poder amortiguar shocks externos sin trasladarlos brutalmente a la población. El gobierno tenía las herramientas, tenía el margen de maniobra, tenía la capacidad técnica. German mencionó que la cláusula de salida del MEPCO "podría haberse reducido de 1.500 a 300-500 millones". Eligió no usarla.
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Se armaron una crisis donde había variación de precios. Gritaron desabastecimiento donde había "situación de tranquilidad" y suministro asegurado. Dijeron "no hay alternativa" cuando los técnicos del Estado les entregaban las alternativas en bandeja. No fue incompetencia. Fue una decisión consciente de proteger la agenda tributaria a costa de las lucas de la gente. Y cuando los precios bajen en las próximas semanas, como proyecta German, que no vengan a celebrar. El daño ya está hecho, y fue innecesario.
Fuente
Daniel Matamala — Lo que importa