Coyhaique: ciudad más contaminada de Chile sin plan real hace décadas
Coyhaique: décadas eligiendo entre congelarse o intoxicarse mientras el Estado hace trámites La ciudad más contaminada de Chile lleva años esperando un plan de descontaminación que duerme en escritorios. Mientras tanto, sus habitantes enfrentan un dilema brutal: calefaccionarse con leña a -15°C y…

Coyhaique: décadas eligiendo entre congelarse o intoxicarse mientras el Estado hace trámites
La ciudad más contaminada de Chile lleva años esperando un plan de descontaminación que duerme en escritorios. Mientras tanto, sus habitantes enfrentan un dilema brutal: calefaccionarse con leña a -15°C y respirar veneno, o cagarse de frío.
"¿Qué hacemos con Coyhaique si al final la gente sigue haciendo fuego? Y no sé si es tan fácil decirle a una persona que cuando tenga 15 grados bajo cero, oiga, no haga fuego." La frase del exministro de Medio Ambiente (gobierno de Piñera), Javier Naranjo, en el programa Lo que importa, expone la contradicción que ningún gobierno ha resuelto completamente. Coyhaique sale "todos los años" como la ciudad más contaminada del país, pero la solución no es técnica: es social. La gente no quema leña por ignorancia ni por cabezona. La quema porque con temperaturas de 15 grados bajo cero, la alternativa es morir de frío. Y el Estado, en décadas, no ha subsidiado ni facilitado ninguna alternativa que la gente pueda pagar.
Esta es la definición perfecta de abandono: los pobres eligen entre congelarse o intoxicarse, mientras los decretos duermen en escritorios de Santiago.
Un año en firmas antes de llegar a Contraloría
Naranjo tiró un dato que desarma el cuento oficial: el plan de descontaminación de Coyhaique estuvo "más de un año o algunos varios meses" en trámite de firmas internas antes siquiera de ingresar a Contraloría. Acá se cuestiona el relato de que Contraloría es el principal obstáculo. El plan pasó más de un año dando vueltas entre escritorios ministeriales antes de llegar al organismo fiscalizador. No es burocracia externa: es incompetencia interna.
Mientras los cabros chicos y los viejos de Coyhaique respiran aire tóxico cada invierno, funcionarios en Santiago deciden qué firma va primero y qué corrección menor hay que hacer antes de avanzar. El contraste es obsceno: Santiago, con cuatro veces más población y seis veces más autos que en los 90, bajó su contaminación en 80%, según explicó el exministro Marcelo Mena en el mismo programa. Coyhaique, ciudad chica con un problema conocido y acotado, lleva décadas sin solución. No es falta de capacidad técnica. Es falta de voluntad política hacia quienes no pueden hacer lobby.
La cagaron todos, sin excepción
Coyhaique ha sido "todos los años" la ciudad más contaminada, atravesando gobiernos de Bachelet, Piñera (dos veces), Boric y ahora Kast. Esto no es "batalla cultural" entre ambientalistas y desarrollistas. Esto es fracaso compartido de toda la clase política chilena. Naranjo lo reconoce desde la derecha, pero tampoco tuvo solución cuando fue ministro.
El caso del lago Villarrica muestra el patrón: el plan de descontaminación lleva ocho años atrasado. El lago ya está verde, las playas cerradas por riesgo sanitario, y recién ahora,cuando el problema "llegó a un extremo", según palabras de Naranjo, se mueve algo. La lección es brutal: el Estado chileno solo reacciona cuando el desastre es tan visible que ya no puede ignorarse. Coyhaique no tiene lago turístico ni playas que cerrar. Solo tiene gente pobre respirando veneno en silencio, año tras año, gobierno tras gobierno.
Mientras tanto, la ranita sí tuvo prioridad
"Qué raro que Contraloría se haya enamorado tanto con la ranita de Darwin, que se reingresó y automáticamente se tomó razón", cuestionó Naranjo. Cuando el decreto de la ranita de Darwin fue retirado y reingresado, Contraloría lo tomó al tiro. Había presión mediática, debate ideológico, senadores dando declaraciones. Coyhaique no tiene ese privilegio. No genera titulares. No moviliza a nadie.
Es solo un pueblo austral donde la gente se enferma en silencio mientras los planes duermen en carpetas. La ecuación es clara: cuando hay cahuín político, el Estado se mueve. Cuando hay solo sufrimiento silencioso de pobres en regiones, el Estado ofrece trámites. Chile no tiene problema de institucionalidad ambiental. Tiene problema de prioridades: sabe perfectamente a quién le da bola y a quién no.
El dato que no admite excusas
El Estado chileno sabe descontaminar cuando quiere. Lo hizo en Santiago mientras la ciudad crecía como nunca. Pero Coyhaique no tiene el poder económico ni político de la capital. Entonces sus habitantes seguirán eligiendo entre la hipotermia y el veneno, mientras funcionarios en Santiago discuten qué firma falta para que un plan avance.
Décadas esperando. Gobiernos de todos los colores pasando. Y los cabros de Coyhaique, cada invierno, tosiendo.
Fuente
Daniel Matamala, Lo que importa: "La motosierra ambiental"


