Permisología post-ambiental: DGA se demora 8 años en permisos de obras
La DGA se demora 8 años en permisos: el Estado que culpa a las ranitas Mientras el gobierno sale a pegarle al "ambientalismo extremo", la Dirección General de Aguas se tarda casi una década en autorizar obras hidráulicas. Dos exministros de Medio Ambiente pelaron el ajo: el verdadero cuello de…

La DGA se demora 8 años en permisos: el Estado que culpa a las ranitas
Mientras el gobierno sale a pegarle al "ambientalismo extremo", la Dirección General de Aguas se tarda casi una década en autorizar obras hidráulicas. Dos exministros de Medio Ambiente pelaron el ajo: el verdadero cuello de botella no son las arañitas, es la burocracia estatal que nadie quiere arreglar.
"Ocho años no son la arañita, es el Estado quebrado"
Javier Naranjo, exministro del Medio Ambiente en el gobierno de Piñera, lo dice sin rodeos: "La DGA se demora una eternidad en dar permisos de obras mayores, estamos hablando de muchos años. Esos permisos hay casos de 8 años." Y no está hablando de evaluación ambiental, de ranitas ni de arañitas. Está hablando de ingeniería pura y dura: "la capacidad del hormigón, cuánta agua va a soportar."
El discurso oficial del nuevo gobierno culpa a la evaluación ambiental de trabar la inversión. Pero los datos que Naranjo entregó en Lo que importa muestran lo contrario. Un proyecto complejo puede pasar su evaluación ambiental en dos a cuatro años. Después viene la DGA,del Ministerio de Obras Públicas, nada que ver con ranitas, y se toma ocho años adicionales solo para revisar la ingeniería de detalle de una obra hidráulica.
En minería, según Naranjo, "la cantidad de permisos que requieren, superamos los 10 años muchas veces. Eso es lo dramático básicamente." Diez años. Y el problema no está en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. Está en la maraña de permisos sectoriales que vienen después. "Tu ejemplo de la permisología no está tanto en el tema ambiental", insiste Naranjo. "Hay una parte en el tema ambiental, pero hay otra gran parte que olvidamos en la parte postambiental."
El Consejo de Monumentos Nacionales también está colapsado. La DGA sin lucas. Servicios públicos sin personal. Esto no es protección ambiental: es un Estado sin capacidad de gestión. Y nadie quiere hablar de eso.
"Cincuenta ministerios opinando lo que se les ocurre"
Marcelo Mena, exministro del Medio Ambiente en el gobierno de Bachelet, describe la pesadilla burocrática con brutal honestidad: "Recibimos un proyecto y lo repartimos a 50 ministerios y servicios, cada uno opina lo que se le ocurre, a algunos se le ocurre la arañita y hacerle un jardín japonés."
Los permisos ambientales pasaron de 20 a 5.000 páginas. No porque los proyectos sean más complejos, sino porque el Estado no sabe priorizar. Un mall tiene un tema esencial: el tránsito. Una minera: el agua. Pero en vez de enfocarse ahí, reparten los expedientes a medio centenar de instituciones y cada funcionario pide "lo que se le ocurre."
Peor aún: pedir estudios adicionales no tiene costo para el burócrata. Mena lo dice crudo: "El funcionario no le interesa dar lo mismo. Quiero que haga un estudio un año más, entonces se para un año el estudio." Consultas gratis, dilaciones infinitas. Y si no cumples con guías que ni siquiera son ley, el SEA te rechaza el proyecto igual.
Naranjo da un ejemplo absurdo pero real: hay una guía para un ave en el norte de Chile que exige "que se hagan cuadrillas para recorrer la zona de tu proyecto, hincarte y oler el nido porque hace el nido bajo tierra para saber si el nido está o no está activo." Recorrer literalmente el desierto con cinco o seis personas oliendo la tierra. "Entonces la pregunta es habrá otro mecanismo un poquito más simple y si no cumplo con eso ¿qué va a hacer el SEA? No es ley pero me van a rechazar el proyecto si no cumplo con eso."
¿Y esto es para reírse o para llorar? Porque da para las dos.
Más fácil culpar a ranitas que arreglar la DGA
El gobierno actual retiró 43 decretos ambientales, subordinó el Ministerio de Medio Ambiente a Hacienda y habla de "destrabar" inversión atacando a los ambientalistas. Pero el verdadero cuello de botella está en instituciones tradicionales,la DGA es del Ministerio de Obras Públicas, el Consejo de Monumentos lleva décadas, que nadie menciona.
¿Por qué? Porque arreglarlas requeriría invertir: más personal, mejores sistemas, coordinación real. La motosierra no soluciona servicios públicos colapsados por décadas de desinversión. Es más rentable políticamente echarle la culpa a una arañita del norte que reconocer que tu propio aparato estatal está quebrado.
Naranjo lo dijo en el gobierno de Piñera y lo repite ahora: la visión debe ser "más integral", pero "la razón era más bien política" para no enfrentar el problema de fondo. Porque hablar de la DGA, del Consejo de Monumentos, de la coordinación entre 50 servicios que opinan sin criterio, eso requiere plata, gestión, admitir que el Estado está quebrado. Y eso, como siempre, ni ahí con asumirlo.
Estado que piensa en sí mismo, no en sentido común
Mena recuerda cuando a los 23 años llamó para sacar permiso de floreo de agua en Santiago. Preguntó qué requisitos debía cumplir. Respuesta del funcionario: "Usted presenta el plan y nosotros vemos si se cumple. ¿Una guía? No."
Ambos exministros coinciden: hay que simplificar, pero el problema no es exceso de protección ambiental sino exceso de burocracia sin sentido. Mena lo resume: el meme del supervisor mirando al trabajador que hace un hoyo, y otro supervisor mirando al primero, "es real". Chile tiene un problema de productividad, pero no se soluciona con menos regulación: se soluciona con Estado funcional.
Diez años para autorizar un proyecto minero
Diez años para autorizar un proyecto minero. Ocho años solo en la DGA para revisar cuánta agua soporta un hormigón. Pero el problema, nos dicen, es la arañita. Es que los ambientalistas son muy radicales. Es que hay que subordinar Medio Ambiente a Hacienda.
Pura cortina de humo. Porque arreglar la DGA, el Consejo de Monumentos, la coordinación entre 50 servicios que opinan sin criterio, eso requiere plata, gestión, admitir que el Estado está quebrado. Y es más fácil,y más rentable electoralmente, culpar a una ranita que reconocer que llevas décadas desangrando al aparato público.
El cuento ya no se lo cree nadie: la traba no es ambiental, es estatal. Y hasta dos exministros de gobiernos de derecha e izquierda lo dicen con todas las letras. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que el problema son las arañitas y no su propia incompetencia? Se les nota el plumero hace rato.
Fuente
Daniel Matamala, Lo que importa


