Guías ambientales exigen oler nidos bajo tierra: regulación absurda vs razonable
Oler nidos bajo tierra: la burocracia ambiental que nadie defiende Dos exministros del Medio Ambiente,de gobiernos opuestos, coinciden en lo mismo: hay guías ambientales tan absurdas que solo sirven para encarecer proyectos y polarizar el debate. El problema es que nadie se atreve a reformarlas.…

Oler nidos bajo tierra: la burocracia ambiental que nadie defiende
Dos exministros del Medio Ambiente,de gobiernos opuestos, coinciden en lo mismo: hay guías ambientales tan absurdas que solo sirven para encarecer proyectos y polarizar el debate. El problema es que nadie se atreve a reformarlas.
Javier Naranjo, exministro del Medio Ambiente bajo Piñera, describe una imagen que parece sacada del absurdo kafkiano: "Hay una guía a propósito de un ave en el norte de Chile que exige que se hagan cuadrillas para recorrer la zona de tu proyecto, hincarle y oler el nido porque hace el nido bajo tierra para saber si el nido está o no está activo". Cuando el proyecto tiene miles de hectáreas en pleno desierto, añade, "tienes que recorrer literalmente el desierto con cinco o seis personas haciendo distintas líneas verticales u horizontales para chequear todo el lugar para encontrar uno o dos nidos".
¿Y esto es para reírse o para llorar? Porque esta no es una guía técnica útil como las que establecen mecanismos informáticos para evaluar emisiones. Es puro teatro burocrático. Y si el titular del proyecto sugiere usar un dron, se arriesga al famoso "soflo": el Servicio de Evaluación Ambiental puede rechazar todo el proyecto aunque la guía no tenga fuerza de ley. Naranjo resume el problema: estas normas no protegen realmente nada, pero encarecen todo. Y son apenas un ejemplo de cómo la permisología pasó de 20 páginas en los años noventa a 5.000 páginas hoy.
Marcelo Mena, quien ocupó el mismo cargo bajo Bachelet, ofrece otro ángulo de la misma cagada: "Hoy día recibimos un proyecto y lo repartimos a 50 ministerios y servicios, cada uno opina lo que se le ocurre, a algunos se le ocurre la arañita y hacerle un jardín japonés". Peor aún: "Algunas cosas son legales e ilegales, el servicio ambiental como que evita y entrega estas consultas. Muchas de estas consultas son gratis y porque al funcionario no le interesa dar lo mismo. Quiere que haga un estudio un año más, entonces se para un año el estudio".
No es que falte regulación: sobra burocracia sin sentido. Todo proyecto tiene dos o tres temas esenciales,el agua en mineras, el tránsito en centros comerciales, las emisiones en termoeléctricas, pero en vez de enfocarse ahí, se genera un festival de consultas que estira evaluaciones ambientales a cuatro años cuando deberían tomar dos. El Estado multiplicó capas de supervisión sin preguntarse si realmente protegen algo o solo protegen el puesto del supervisor. Mena lo grafica con crudeza: hoy existe "un meme del señor que está haciendo un hoyo en una construcción y que hay un señor mirándolo y otro señor mirando al señor mirando,es real, porque tiene que ver un supervisor, no puede alguien hacer una actividad sin un supervisor".
Naranjo advierte sobre las consecuencias políticas de defender lo indefendible: "Cuando las normas son tan rígidas provoca más bien el efecto contrario, que la gente se vaya al otro extremo y terminamos diciendo o llevamos al extremo esta defensa o no defendemos nada que son dos malas alternativas".
Los ejemplos absurdos,oler nidos, el supervisor del supervisor del hoyo, no los inventan los libertarios antirregulación: los crean burócratas que confunden protección con ritual. Y los ambientalistas que defienden cualquier procedimiento "porque hay que proteger la especie como dé lugar" terminan regalando munición a quienes quieren eliminar toda protección. El resultado es una batalla cultural fome donde todos pierden, especialmente la productividad del país y la protección ambiental real.
Hay consenso técnico sobre la solución. Mena propone "simplificar la evaluación ambiental" enfocándose en los temas esenciales de cada proyecto, "reducir" el número de servicios que opinan, eliminar consultas ilegales y "mejor implementemos" normas existentes antes de crear nuevas. Naranjo coincide: mantener guías técnicas útiles como Calpoff para emisiones, incorporar tecnología moderna, aplicar sentido común y eliminar procedimientos absurdos.
Dos exministros,de Bachelet y Piñera, coinciden en diagnóstico y solución. No es ideología, es pragmatismo. Pero la reforma no avanza porque a la derecha le sirve el caos para pedir cero regulación, y a cierta izquierda le sirve para mostrar que "defiende el medio ambiente". Se hacen los lesos, los dos lados. Matamala entrevistó a ambos exministros en "Lo que importa" y la conclusión es demoledora: existe un acuerdo transversal que los políticos se niegan a ejecutar.
De 20 páginas a 5.000 en tres décadas. Cincuenta servicios opinando simultáneamente sobre proyectos que tienen dos o tres temas críticos. Funcionarios inventando consultas para justificar su puesto. Mientras la discusión política se polariza entre quienes gritan "ambientalismo extremo" y quienes defienden cualquier procedimiento sin importar su utilidad, los proyectos se pudren en escritorios, las especies siguen sin protección real y la burocracia permanece intacta.
Porque al final, nadie defiende lo absurdo,pero tampoco nadie lo elimina. Como siempre.
Fuente
Daniel Matamala, Lo que importa


