Gobierno de Kast subordina Medio Ambiente a Hacienda y rompe política de Estado

4 min de lectura

Kast sacrifica 1.500 vidas al año por pelear su batalla cultural El gobierno congeló una norma de aire limpio que evitaría esas muertes mientras sus ministros hablan de "arañitas y lagartijas". Bloomberg y Moody's advierten que el giro ideológico pone en riesgo las lucas baratas que Chile consiguió…

Gobierno de Kast subordina Medio Ambiente a Hacienda y rompe política de Estado

Kast sacrifica 1.500 vidas al año por pelear su batalla cultural

El gobierno congeló una norma de aire limpio que evitaría esas muertes mientras sus ministros hablan de "arañitas y lagartijas". Bloomberg y Moody's advierten que el giro ideológico pone en riesgo las lucas baratas que Chile consiguió con décadas de política ambiental transversal.


Mientras el debate público se reduce a caricaturas sobre ranitas y pingüinos, el gobierno de José Antonio Kast retiró 43 decretos ambientales de Contraloría, incluyendo normas de salud pública con impacto mortal cuantificable. Entre ellos, la actualización de la norma de material particulado fino, que según Marcelo Mena, exministro de Medio Ambiente bajo Bachelet, "evitaría la muerte de 1.500 personas" anuales y tiene "cinco veces más beneficios que costos".

La norma no representa ningún extremismo ambiental: apenas actualizaría el estándar chileno de 20 microgramos anuales a 15, "básicamente la norma de Estados Unidos de los años 90", explicó Mena en el programa Lo que importa. La Organización Mundial de la Salud recomienda 5. "Detrás de esos tres arbolitos son 20 millones de pulmones", remató el exministro, pelando el ajo: cuando el ministro de Vivienda ridiculiza las evaluaciones ambientales como "protección de arañitas y lagartijas", está bloqueando políticas que salvan vidas humanas concretas.

El senador Javier Macaya Danús explicó sin vergüenza la lógica del nuevo gobierno: "Si alguien considera que las ranitas son una política de Estado, acá cambió la mirada". Matamala lo resumió al tiro: la discusión "no es técnica sino ideológica".


La política ambiental chilena no era un lujo ideológico: era un negocio multimillonario. Chile emite bonos verdes a tasas de "menos de 1% anual, 0.9% anual, ridículamente bajo", según Mena, con demanda tres veces superior a la oferta. Esos instrumentos han permitido acceder a "30 mil millones de dólares" en deuda casi sin interés para financiar metro, buses eléctricos y reconstrucción.

Ahora Bloomberg, el medio económico favorito del expresidente Piñera, tituló que el "giro ambiental de Kast en Chile pone en riesgo su financiamiento barato". La agencia Moody's reafirmó que habrá "un impacto reputacional", ya que Chile se había forjado "una reputación muy sólida en el mercado de bonos sostenibles".

No lo dicen los ecologistas, cacha: lo dicen las calificadoras de riesgo. Mena detalló que Suiza y Japón firmaron con Chile 1.400 millones de dólares en proyectos de bonos de carbono que "no están en el mapa de lo que quieren destrabar". Paradójicamente, los 51 proyectos que Kast firmó "destrabar" el 11 de marzo son mayoritariamente renovables. El gobierno declara guerra al ambientalismo mientras necesita credenciales verdes para financiar su agenda. ¿Y esto es pa reírse o pa llorar?


El 11 de marzo, la ministra de Medio Ambiente compareció subordinada al ministro de Hacienda para firmar el destrabamiento de proyectos. La escena fue elocuente. Javier Naranjo, exministro de Medio Ambiente bajo Piñera, reconoció en el programa que "no es una buena puesta en escena" y que el ministerio se creó precisamente "para una discusión de pares" con Hacienda y Economía.

La subordinación tiene lógica en la matriz ideológica de Kast: en su discurso ante la derecha radical europea listó al "ambientalismo extremo" junto al feminismo e indigenismo como enemigos de la "batalla cultural". No es pragmatismo económico: es ideología pura aplicada desde el Estado, aunque cueste vidas y dólares.

Mena lo planteó con claridad: "Nunca había una correlación de izquierda a derecha con respecto a temas ambientales". Hasta ahora. El consenso transversal permitió que Chile liderara la COP25, que empresarios como Piñera crearan parques de conservación, que las energías renovables avanzaran sin retrocesos de Bachelet a Piñera a Boric. Kast rompe esa continuidad por una batalla cultural importada.


Los buses eléctricos —hoy 70% de la flota de Santiago— fueron iniciativa de Piñera, criticados entonces como capricho. Los bonos verdes fueron instrumento de Felipe Larraín, ministro de Hacienda de derecha. La Ley Marco de Cambio Climático se aprobó transversalmente el 9 de marzo de 2021. Santiago tiene hoy 80% menos contaminación que en 1990, con cuatro veces más población y seis veces más autos en las calles.

Naranjo confirmó que la ley de cambio climático "se aprobó transversalmente, o sea, tuvo votos de la derecha a la izquierda completamente". El gobierno actual no ha hablado de derogarla, pero las señales apuntan hacia otro lado: canceló la ciclovía de la Alameda de 8 millones de dólares mientras gastó 3.000 millones en subsidios a combustibles fósiles por la guerra de Ucrania. Las prioridades están claras, po.


Matamala lo planteó con nitidez: "Economía y medio ambiente no son adversarios. Chile no tiene que elegir a uno sobre el otro. Esa es una falsa dicotomía propia de discursos de ambos extremos".

Mientras Kast pelea su guerra cultural, 1.500 familias chilenas perderán a alguien cada año por aire sucio que podría limpiarse con una norma que simplemente nos igualaría a Estados Unidos... de 1990. Bloomberg, Moody's y hasta exministros de derecha advierten el costo. Pero el presidente prefiere dar señales a la derecha radical europea que gobernar para los pulmones chilenos. Esa no es una postura de Estado: es una pose ideológica con cadáveres de por medio.


Fuente

Daniel Matamala — Lo que importa: "La motosierra ambiental"

Más artículos