Norma de aguas servidas: 24 años de demora y agua al mar que podríamos usar
Chile tira al mar agua recuperable mientras negocia desalinización Una norma que permitiría tratar y reutilizar aguas servidas estuvo trabada 24 años, atravesó cuatro gobiernos sin resolverse, y cuando finalmente se destrabó, el nuevo gobierno la retiró de Contraloría. Mientras tanto, seguimos…
Chile tira al mar agua recuperable mientras negocia desalinización
Una norma que permitiría tratar y reutilizar aguas servidas estuvo trabada 24 años, atravesó cuatro gobiernos sin resolverse, y cuando finalmente se destrabó, el nuevo gobierno la retiró de Contraloría. Mientras tanto, seguimos perdiendo agua más barata que desalar.
Tres metros cúbicos por segundo al desagüe
El colector El Paraíso tira tres metros cúbicos de agua por segundo al mar. Cada segundo. Todos los días. Hace 24 años. "Esa agua sí se pierde en el mar", advirtió Marcelo Mena, exministro del Medio Ambiente en el gobierno de Bachelet, cuando fue al programa Lo que importa. "La podríamos tratar y aprovechar".
No es agua contaminada sin remedio. Es agua servida tratable. Chile trata el 80% de sus aguas servidas, pero ese 20% restante en ciudades como Valdivia, Puerto Montt e Iquique se va directo al océano. No por imposibilidad técnica, sino porque nadie hace nada. Mientras el país discute crisis hídrica y negocia costosas plantas desalinizadoras, literalmente botamos al Pacífico millones de metros cúbicos anuales de agua recuperable.
La norma que permitiría tratar estas aguas —la norma de emisión para aguas superficiales— lleva esperando desde el año 2000. Es "la primera actualización del año 2000", explicó Mena. Y estuvo entre los 43 decretos y oficios medioambientales que el nuevo gobierno retiró al lote de Contraloría apenas asumió el 11 de marzo.
Cuatro gobiernos, cero resultados
La cronología da para llorar. Cuando Mena llegó al gobierno de Bachelet, la norma "se quedó parado en la firma final, porque el Ministerio de Defensa no quiso firmar en su momento". Luego vinieron cuatro años de la segunda administración Bachelet intentando reactivarla sin éxito: "No fuimos capaces de poder llegar a un acuerdo".
Siguieron cuatro años del segundo gobierno de Piñera, "tampoco fue capaz". Otros cuatro años con Boric hasta que "recién se llegó a un acuerdo de tratar las aguas de Valdivia, de Puerto Montt, de Iquique".
Veinticuatro años desde la norma original. Doce años de fracaso continuo en tres gobiernos consecutivos de distinto signo político. Esto no es "traba ambiental de la izquierda" ni "extractivismo de la derecha". Es incompetencia transversal, todos la cagaron. El Ministerio de Defensa bloqueó sin explicación pública. Ninguna administración —ni progresista ni liberal— pudo con el taco burocrático.
Y cuando finalmente se logró el consenso después de 24 años, el nuevo gobierno la retiró.
Más barato que desalar, pero más difícil que legislar
"Esa me da un poco de miedo", confesó Mena refiriéndose específicamente a esta norma entre todas las retiradas. La razón es económica: tratar agua servida es "mucho más barato que lo que sería desalar el agua".
La ironía es brutal. Chile invierte en plantas desalinizadoras —tecnología cara, energéticamente intensiva— mientras bota agua recuperable con tecnología más barata y disponible. No se trata de ideología ambiental, sino de sentido común hídrico y financiero. Pero tratar aguas servidas no tiene la épica de una planta desalinizadora inaugurada con cinta y tijera. Es infraestructura invisible, norma técnica que no sale en portada.
Por eso pasó 24 años trabada. Por eso Mena tiene miedo: sin presión mediática como la del lago verde de Villarrica —cuyo plan de descontaminación también fue retirado y luego reingresado tras el escándalo público—, esta norma puede morir en silencio administrativo. Como siempre.
Mientras discutíamos ranitas, perdimos el agua
Como señaló Matamala en el programa, "la discusión se centró mucho en la ranita de Darwin, en el pingüino de Humboldt". De los 43 decretos retirados, estos casos generaron titulares, memes y reacciones políticas al tiro. La ranita fue repuesta. El pingüino sigue en debate.
Nadie marcha por una "norma de emisión para aguas superficiales". Pero mientras peleábamos por fauna simbólica, seguimos perdiendo millones de metros cúbicos anuales de agua aprovechable. La trampa perfecta: el gobierno retira lo visible y lo invisible por igual, pero solo lo primero genera resistencia. Lo segundo —lo técnico, lo menos fotogénico, lo que realmente impacta en la gestión del recurso más escaso del país— se muere sin funeral.
Cada segundo que esta norma sigue trabada, tres metros cúbicos de agua recuperable se van al mar. Llevamos 24 años, cuatro gobiernos y todas las crisis hídricas posibles sin poder detenerlo. No es falta de tecnología, no es falta de plata, no es ni siquiera falta de consenso político —ese finalmente se logró. Es algo peor: es indiferencia institucionalizada.
Mientras tanto, el cronómetro sigue corriendo y el océano sigue recibiendo lo que nuestras ciudades necesitan. Tres metros cúbicos. Por segundo. Para siempre.
Fuente
Daniel Matamala — Lo que importa: "La motosierra ambiental"